Se podrían aprobar medidas más laxas para alargar la vida del coche térmico.

La implantación masiva del coche eléctrico no podría llegar tan pronto como estaba previsto. Demasiados interrogantes y muchas barreras en el horizonte retrasarían este nuevo modelo de movilidad.

Podría parecer una broma de mal gusto, algo poco serio, o simplemente decisiones tomadas sin ningún tipo de criterio técnico por parte de los burócratas que tenemos presentes en el Parlamento Europeo en Bruselas. Y es que, tras anunicarnos diferentes fechas a lo largo de estos últimos años tan convulsos en lo económico y social, ahora, el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, anuncia, en una entrevista concedida al digital 'Político', que la última fecha fijada para prohibir la comercialización de vehículos diésel y de gasolina se podría alargar aún más en el tiempo. Recordemos que la UE se puso como objetivo 2035 para acabar definitivamente con todos los vehículos térmicos de nueva fabricación.

Tras estas declaraciones, el planteamiento tan cortoplazista de implementar el coche eléctrico en nuestras ciudades y carreteras, va a tener que llevarse a cabo de una más pausada y ordenada, al menos de momento. La escasez y explotación de la materia prima para la fabricación de las baterías, y la implantación de una infraestructura para dar un servicio mínimamente aceptable, parecen ser uno de los grandes inconvenientes para poner en marcha este nuevo modelo de movilidad que nos quieren imponer desde Bruselas. Además, tampoco hay que olvidar la demanda de electricidad, algo que se ha agravado debido a la crisis energética que está atravesando Europa.

Por tanto, parece que el coche eléctrico tendrá que esperar para tener una implantación masiva y real en un futuro difícil de prever. Hoy por hoy, debido a estas barreras ya comentadas, y para evitar un colpaso en todo lo relacionado al transporte privado, la electromovilidad total llegará en un futuro más lejano de lo previsto.