Hace unos días, una conversación con nuestro director, Juanma, me recordaba la presencia de un adhesivo, que tiempo atrás hizo fortuna en los coches apostados en las cunetas de los rallyes, y que decía así: “Menos fútbol y más carreras”. Seguro, querido lector, que ese mensaje habrá surgido a menudo en muchas de sus conversaciones con otros aficionados. Era el reflejo perfecto de nuestra indignación por el ninguneo que sufría nuestro deporte, por culpa del omnipresente fútbol. Los que ya peinamos muchas canas recordamos cómo de niños, por supuesto, no se daban las carreras de Fórmula 1 en televisión. Pero es que ni siquiera en los programas o en los periódicos especializados en deporte podías enterarte de los resultados de un Gran Premio.

A nuestros más jóvenes seguidores del automovilismo les resultará inconcebible que aquello pudiera ocurrir, pero esa era la triste atención que recibía entonces nuestro deporte. En la España de finales de los años 70 tenías que tragarte “Estudio Estadio” entero, rezando para que al final del programa te enteraras de qué habían hecho James Hunt, Niki Lauda o Carlos Reutemann. Por supuesto, tenías que enterarte de que el Erandio le había ganado al Sestao por 3 goles a 2, pero es que incluso después de que te dijeran los resultados de las ligas de baloncesto y de balonmano tenías que enterarte también de que el Sabadell le había ganado al Voltregá en la Liga de Hockey sobre patines. No es broma, pregunten a cualquier aficionado de 55 años en adelante y les confirmarán que no miento.

Pasaban los años y gracias a Carlos Sainz la cosa empezó a mejorar un poco, y ocasionalmente el automovilismo empezó a hacerse un hueco en los medios de comunicación. Pero, aun así, el predominio del futbol seguía siendo asfixiante. De nada servía que le dijeras a cualquiera de los directores de los periódicos deportivos que un rallye del Campeonato de España había congregado tres veces más público que partidos de fútbol de 2ª División, a los que les concedían el triple de espacio en sus páginas. En su mente “futbolera”, el automovilismo era cosa de cuatro chalados, y no había forma de sacarlos de ahí. Algunos (mejor evitar nombrarlos) decían en su soberbia ignorancia que las carreras de coches ni siquiera las consideraban un deporte.

La realidad de licencias federativas y público en vivo en eventos deportivos dictaba que, en cuanto a aficiones, había vida en España mucho más allá del fútbol. Pero, al tener siempre a un “futbolero” al frente de la jefatura de Deportes de cualquier medio de comunicación, ellos siempre dictaban que era más importante saber qué había desayunado tal o cual jugador del Real Madrid o el Barcelona que los triunfos de los deportistas del resto de especialidades. Pero, amigo, llegó la era digital y el cuento empezó a cambiar. Quizá para siempre. Hoy en día, en tiempo real los periódicos saben lo que se lee y lo que no y sí resulta, que un tercer puesto de Fernando Alonso tiene el triple de visualizaciones que un comentario sobre “El Clásico”, pues, por muy fanático del fútbol que uno sea, hay que rendirse a la realidad e informar más del alerón del Aston Martin que de la renovación de Luka Modric.

Por primera vez en la historia, el pasado Gran Premio de Arabia Saudí de F1 superó en audiencia a todos los partidos juntos de la Liga de Fútbol. Al final, resulta que a la gente sí podía interesarle más seguir las hazañas de un piloto de carreras que lo que pasaba en los estadios. El fútbol es un deporte fascinante como tantos otros, pero, igualmente, el hecho de que su supremacía hoy esté amenazada en ocasiones por nuestro deporte no deja de ser una pequeña pero muy dulce venganza.

Nº 1782 (Mayo, 2023)