Me ha alegrado esta victoria también por Isabelle Galmiche, toda una “curranta” de las carreras

Cuando mediado el mes de febrero escribo estas líneas, aún siguen resonando en todas las esquinas del deporte mundial los ecos sobre la proeza de Sébastien Loeb en el Rallye de Montecarlo, adonde llegaba tras firmar una excelente segunda plaza en el Dakar. Se terminan los adjetivos a la hora de calificar la hazaña del galo. Yo me quedé sin palabras, y tampoco creo que fuese casualidad que, en el comienzo de una nueva era técnica en los Rallyes, los dos pilotos más sobresalientes de la historia fueran precisamente los que se disputasen la victoria. Cuando leáis esto, Sébastien ya habrá cumplido 48 años.

Su último Mundial al completo fue el de 2012, que por supuesto ganó. Entonces, a los 38 años decidió seguir en 2013 tan solo haciendo cuatro carreras (en las que por supuesto volvió a brillar); precisamente, esa temporada junto a Dani Sordo tuve el honor de ser su compañero de equipo, de él y del bravo Daniel Elena, igual que también había tenido ya ese privilegio junto a Xevi Pons en 2006 cuando Kronos se hizo cargo de lo que había sido la estructura oficial de Citroën Sport. También volvimos a coincidir en Hyundai hace unos pocos años. Eso me permitió verle de cerca y compartir muchos reconocimientos, cenas, tertulias, etc., con un tipo absolutamente talentoso para llevar cualquier cosa con motor como es Sébastien Loeb. Pese a que a veces pueda dar la impresión de ser un poco bohemio y despreocupado, nada más lejos de la realidad…

En las reuniones post rallye en Citroën era un tipo concienzudo que con sus certeros análisis técnicos hacía que el equipo siempre tuviese clara la dirección que había que tomar de cara a las sucesivas carreras. Otra cosa es que es un superdotado y, como tal que es, se puede permitir una serie de licencias, desafíos y retos varios que a cualquier otro piloto le supondrían directamente desestabilizarse y salirse completamente de foco. Mi análisis es ese: es un tipo absolutamente bueno, y hace fácil lo difícil; ejemplo de ello, tanto en el Dakar como sobre todo en Montecarlo, el hecho de estrenar copiloto. Y hablando de copilotos, me ha alegrado esta victoria también por Isabelle Galmiche, toda una “curranta” de las carreras, siempre en la sombra, muy, pero que muy buena tía, muy sacrificada, a la que tuve la ocasión de conocer hace ya años en su faceta de ouvreur, además de sus participaciones como copiloto.

Estamos viendo que la longevidad en el deporte del motor se está imponiendo. Era ya algo habitual en la Fórmula Indy, pero tenemos a Alonso en la Fórmula 1 con 40 años (para 41), a Carlos Sainz ganando etapas en el Dakar con 59 (y el año que viene seguirá ganando con 60) y ahora el ejemplo en los Rallyes con un Loeb 100% competitivo 20 años después de su primera temporada con un WRC. Por cierto, Isabelle, a sus 50 años, se ha colocado como cuarto copiloto con más edad de toda la historia en ganar una prueba del WRC. El primer clasificado sigue siendo el neozelandés John Kennard, que ganó el Rallye de Argentina en 2016 a sus 57 años y 2 meses. El segundo es el sueco Arne Hertz, quien en 1991 ganó el Rallye de España-Catalunya con 52 años y 5 meses. Y el tercer clasificado de momento sigo siendo yo, por ganar junto a Dani Sordo el Rallye de Italia-Cerdeña de 2020 cuando un servidor contaba con 52 años y 1 mes.

Si siguen corriendo Sébastien e Isabelle como lo han hecho en Montecarlo, mi pódium se verá amenazado seriamente. Pero, bueno, no tengo la sensación de que a mí se me haya parado la música, más bien al contrario, con ocho pruebas del Mundial disputadas en 2021, y este 2022 en el que disputaré un mínimo de siete. En la próxima crónica, más detalles.

 

Nº 1769 (Marzo, 2022)

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